El ladrillo nunca baja.
Todos nosotros hemos escuchado muchas veces esta frase a lo largo de los últimos años. A partir de ella podemos clasificar a las personas en dos grupos: los que lo creían y los que no. Yo soy de los últimos.
Lamentablemente, pertenecía al grupo minoritario porque en aquel momento éramos minoritarios. La realidad ha provocado que en la actualidad el grupo minoritario sea aquel que todavía cree que el ladrillo nunca baja. Como dice un sabio refrán español: no hay más ciego que el que no quiere ver.
El caso es que ese falso axioma llevó a la sociedad española a un endeudamiento sin límites con objeto de ser propietarios de una vivienda. Las consecuencias las tenemos ahora a la vista.
Este movimiento comprador, irreflexivo y compulsivo, de una parte muy importante de la sociedad española ha provocado un incremento indecente de los precios de la vivienda en nuestro país. A su vez, ha generado un enriquecimiento hasta límites vergonzosos de personas, que al calor de la especulación pura y dura han hecho dinero en una vorágine de compras y ventas inmobiliarias.
El enriquecimiento fácil y rápido despertó la codicia de otros muchos que vieron, al calor de la burbuja inmobiliaria, el camino para salir de una vida mediocre. De este modo pudieron concebirse a si mismos como triunfadores, en una existencia que sustenacialmente nada tenía detrás… sin otro respaldo que un dinero ganado con poco esfuerzo. Triunfadores del pisito.
La avaricia individual de las personas ha estado respaldada por el gran engaño que han propiciado todo tipo de instituciones y del que se han aprovechado, como no podía ser de otra forma.
Muchos bancos dieron hipotecas a personas con riesgo de impago. Ellos, como profesionales de las finanzas deberían haberlo previsto, y, sobre todo deberían haber puesto en conocimiento de ello a los clientes. Era un simple ejercicio de ética profesional.
Las agencias de tasación inflaron precios de pisos con el único interés de cuadrar las cifras con las necesidades del préstamo. A más pisos en venta, más tasaciones, más negocio, más dinero fácil.
Y todos mirando para otro lado.
Dinero negro. El que queramos. Lo más sangrante fueron las VPO que se vendían en segunda mano. ¿Cuanto se pedía en negro? ¿Hacienda no lo sabía? Da la impresión de que en este Ministerio los responsables van a dormir y hacer vida a otro planeta fuera de su horario de trabajo. ¿Nadie jamás lo denunció?¿Nadie lo quiso investigar?
Los gobiernos que hemos tenido… bien gracias. Ellos estuvieron encantados de tener a la Economía creciendo por encima del 3% en PIB. Eso sí, preocuparse de lo que iba a pasar tras el crash lo justito, más bien nada. Decían que no había burbuja… ¿qué podíamos pedir?
Los medios de comunicación como siempre al servicio del poder político y económico. Ahora nos dicen afamados y sesudos tertulianos que ya lo veían venir. ¡Carajo! ¿Por qué no lo dijeron? Busquen, busquen por las hemerotecas para ver su complicidad con el engaño del siglo…
En fin, creo que con esta crisis esta sociedad tiene lo que se merece. Va a ser duro y todos sufriremos. Algunos tienen culpa y otros no. Muchos no merecen perdón, aquellos que han orquestado y permitido que lleguemos a esta situación. Esos no lo pasarán tan mal. Pagaremos el pueblo llano, como siempre, unos por dejarse engañar y otros porque muchos se dejaron engañar. Pero es necesario, la sociedad lo necesita, hay que regenerar los valores y principios que rigen en Occidente.
Nuestra sociedad necesita ser más humilde.



crees que se regeneraran? yo lo que veo es que lapeña esta deseando que esto pase para volver a lo mismo y poder empezar a ganar otra vez pasta facil. espero que nunca pase.