Uno de los deportes favoritos de los españoles es el de colgarse medallas. No lo digo por nuestros fantásticos deportistas que todos conocemos y cuyos éxitos nos enorgullecen a todos.
Me refiero a toda esa calaña de personajillos mediocres, con alma de perdedores y aspiraciones de pelotas de jefes, amigos y familiares. Me refiero a todos aquellos que se apuntan méritos inmerecidos con tal de elevarse a los altares de un reconocimiento ficticio, por acciones no llevadas a cabo o sencillamente exageradas hasta llegar a ser primorosas hazañas que únicamente cabe que las lleven a cabo los mencionados pelotas.
La medallitis está en todaspartes pero predomina más en el trabajo y en lugares semejantes, donde la competitividad mal entendida lleva a algunos a apuntarse tantos, colgarse medallas, en lugar de realizar su cometido eficiente y discretamente. Es cosa de perdedores como dije al principio. Allá ellos y su mente retorcida y acomplejada.

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