Da la sensación de que muchos ciudadanos se han visto sorprendidos por la crisis que estamos sufriendo. El primero de ellos nuestro lamentable Presidente del Gobierno, que no reconoció, al menos públicamente, esta situación hasta el 8 de Julio según vemos en este enlace al diario La Vanguardia.
Otros conocidos nuestros abren los ojo como platos cuando comentan lo mucho que les ha subido la hipoteca en la última revisión…, otros comentan lo caro que está todo, lo poco que duran unos euros en el bolsillo, los sueldos inframileuristas.
Ahora todos reconocen que el ladrillo a veces también baja, que no es momento para comprar (antes siempre lo era según el 90% de la sociedad), que hay que guardar por lo que viene, que el 2009 será un desastre, etc…
Evidentemente, las cosas no cambian de un dia para otro, por mucho que algunos se nieguen a ver la realidad todo forma parte de un proceso.
Para el estallido de la burbuja inmobiliaria, como en todas las burbujas, se han recorrido varias fases hasta llegar a la situación actual.
Estas fases fueron definidas por Hyman Minsky y la traducción que he encontrado la traigo desde el blog de Alberto Noguera.
A saber:
Fase 1 – Planteamiento: Toda crisis financiera comienza con una perturbación. Puede ser el invento de una nueva tecnología, como internet. Puede ser un cambio en la política económica. Por ejemplo, los tipos de interés podrían reducirse inesperadamente. Sea lo que sea, las cosas cambian para un sector de la economía. La gente ve a ese sector de otra manera.
Fase 2 – Los precios comienzan a subir: Enseguida, los precios en el sector empiezan a subir. Inicialmente, ese incremento casi no es percibido. Muchas veces, estos precios más altos reflejan una mejora en los indicadores económicos. Según los precios van aumentando más, la gente empieza a notarlo.
Fase 3 – Crédito fácil: El aumento de precios no es suficiente para una burbuja. Toda crisis financiera necesita combustible para el cohete, y sólo hay una cosa que este cohete quema: crédito barato. Sin él, no puede haber especulación. Sin él, las consecuencias del planteamiento se desvanecen y el sector vuelve a la normalidad. Cuando una burbuja empieza, el mercado es invadido por agentes externos. Sin crédito barato, los agentes externos no pueden entrar.
El crédito barato es el billete de entrada para los agentes externos. Por ejemplo, los precios de la gasolina han aumentado fuertemente en los últimos años. Sin embargo, los bancos no están concediendo préstamos para que la gente almacene gasolina en sus garajes esperando que el precio se doble en tres meses. Pero los bancos sí que están dando préstamos a gente de poca solvencia para comprar casas con la idea de que se pueden vender enseguida.
El aumento del crédito fácil está muchas veces asociado a la innovación financiera. Frecuentemente, se desarrolla un nuevo tipo de instrumento financiero que infravalora los riesgos. De hecho, el crédito fácil y la innovación financiera son un cóctel peligroso. La Burbuja de los Mares del Sur comenzó con una novedosa figura llamada “sociedad anónima de responsabilidad limitada”. En 1929, los precios fueron catapultados a la estratosfera con la ayuda de los “margin calls”. Los precios de las casas ahora se han acelerado en forma de hipotecas “sólo interés”, creadas para financiar compras de inmuebles sobrevalorados.
Fase 4 – Recalentamiento del mercado: Según el efecto del crédito fácil se va notando, el mercado comienza a recalentarse. El recalentamiento estimula los volúmenes y aparecen las escaseces. Los precios comienzan a acelerarse, y se recogen beneficios fáciles. Más agentes externos son atraídos y los precios se desbocan. Las subidas de precios atraen a los bobos, los codiciosos y los desesperados por meterse en el mercado. Así como un fuego necesita más combustible, la burbuja necesita más forasteros.
Fase 5 – Euforia: La burbuja entra ahora en su fase más trágica. Saldrán algunas voces prudentes y dirán que la burbuja no puede seguir más. Pondrán argumentos convincentes basados en indicadores económicos a largo plazo y simple lógica económica. Sin embargo, estos argumentos se evaporan en el calor del hecho inapelable: los precios aún están subiendo. Los prudentes son acallados por charlatanes, que justifican la locura de precios con el argumento eufórico de que ahora el mundo es diferente y que este mundo significa precios más altos.
Por supuesto, el argumento del “nuevo mundo” es cierto; el mundo es diferente cada día, pero eso no significa que los precios tengan que descontrolarse. Los charlatanes ganan y el optimismo injustificado se impone. En este punto, los charlatanes adornan su optimismo con la más cruel de las mentiras: cuando los precios toquen máximos, habrá un “suave aterrizaje”. La idea de una apacible desaceleración de los precios calma los nervios. Los forasteros se quedan atrapados en la negación de la evidencia. Saben que los precios no pueden subir eternamente, pero rara vez actúan según ese principio. Todo es seguro, porque piensan marcharse justo antes de que la burbuja explote. Aquellos que no han entrado al mercado se enfrentan a un terrible dilema: no pueden entrar, pero tampoco pueden quedarse fuera. Saben que perdieron el tren al principio de la burbuja. Son bombardeados cada día con historias de gente que se hizo rica en dos días y amigos con grandes ganancias. Los fuertes se quedan fuera y asumen la oportunidad perdida. Los débiles compran y se tiran a los pies de los caballos.
Fase 6 – Los expertos recogen beneficios: Todo el mundo quiere creer en un futuro mejor, y la burbuja se aprovecha de eso. Una burbuja necesita que todos crean en un futuro mejor, y mientras esta euforia continúa, la burbuja se mantiene. Sin embargo, al tiempo que la locura se apodera de los forasteros, los expertos recuerdan el viejo mundo. Pierden su fe y comienzan a asustarse. Conocen su mercado, y saben que todo ha ido demasiado lejos. Los expertos comienzan a vender. Típicamente, los expertos intentan escurrirse sin ser percibidos, y a veces lo consiguen. Otras veces, los forasteros los ven mientras intentan largarse. En cualquier caso, sean detectados o no, el hecho de que esos expertos vendan es ya el principio del fin.
Fase 7 – El estallido: A veces, la marcha de los expertos infecta a los forasteros. Otras veces, es el fin del crédito fácil o alguna serie de noticias inesperadas. Pero sea lo que sea, la euforia es reemplazada por el miedo. El edificio se quema y todo el mundo corre hacia la puerta. Los forasteros comienzan a vender, pero no hay compradores. Llega el pánico. Los precios se desploman, el crédito se corta, y las pérdidas comienzan a acumularse.
La primera fase es complicada de detectar. A mi se me escapó. Puede, es más, seguramente están en este momento en marcha otras burbujas que no somos capaces de detectar, pero… están ahí. Del dinero que sean capaces de mover dependerá la gravedad de lo que ocurra si no se paran a tiempo y llegan a estallar.
En la segunda fase conviene empezar a darse cuenta, siendo, lo reconozco, todavía complicado el ver lo que está ocurriendo. Allá por el año 2000 creo que empezamos a ver que subían los precios de los pisos. Nadie se preocupó en exceso. Yo tampoco. Solamente sabía que no me daba para comprarme un piso.
Tercera fase, debería habernos chocado a todos los tipos de interés tan anormalmente bajos, al 2%. Los mayores nos hablaban de hipotecas al 12-15% en años no muy lejanos. Pensamos, qué bueno es esto del Euro y el Euribor, que casi nos regalan el dinero. ¡A Consumir! ¿Nadie pensó en que podrían subir? Yo si, todo lo que sube baja y, casi siempre, al contrario, especialmente los precios y más el del dinero. Nuevos productos financieros: yo aquí englobaría las hipotecas al 100% del valor de tasación… y hasta el 120%. ¿Cuanto quiere usted? Aquí lo tiene.
Servidor ya estaba escamado.
Cuarta fase. Recordamos frases de propmotores: “me los quitan de las manos”, “se vende todo”, “no damos a basto”, “mañana será más caro”, “esta zona va para arriba”… Todo por las nubes, la gente perdiendo la cabeza por comprar a cualquier precio, proliferaciónd e “chiringuitos” inmobiliarios por las calles de nuestras ciudades. Yo ya me bajé del tren. Eso me parecía irreal y el tortazo estaba seguro que no tardaría en llegar.
Quinta fase. A los más sensatos se les aparta. Recordemos que Aznar llegó decir que si se hacían x viviendas y se vendían todas ¿qué problema había? Pues este, ni más ni menos. Este fue el gran error de Aznar y no otros que nos restriegan día tras día los medios “progres”: no hacer nada para parar la locura inmobiliaria en España.
De este punto me quedo con el reflejo de España hasta hace poco: “Los prudentes son acallados por charlatanes, que justifican la locura de precios con el argumento eufórico de que ahora el mundo es diferente y que este mundo significa precios más altos”
Charlatanes, charlatanes, charlatanes… de eso tenemos mucho en España. Acabé harto de los charlatanes.
Sexta fase:señores, esta ya llevaba en vigor un par de años antes d e que Zapatero reconociera la crisis, incluso antes del estallido subprime en USA. Hubo grandes empresas que vendieron buena parte de sus inmuebles a compradores avariciosos que ahora no pueden o hno an podido pagar las cargas financieras que aquello les supuso…
Séptima fase. Els la única que todos han visto. Porque no había más remedio. La última frase también aquí no puede estar más acertada… y premonitoria.
“Llega el pánico. Los precios se desploman, el crédito se corta, y las pérdidas comienzan a acumularse.“
Dedicado a aquello que siempre hemos alertado de que esto iba a pasar y nos miraron como bichos raros.
Teníamos razón.

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